Encuentros Sudamérica

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En esta crisis que vivimos, otra vez surgen las preguntas: ¿qué meta tiene la economía? ¿para qué sirve? ¿en qué sentido debe influenciar el Estado a la economía?
Antes estas preguntas o no se ponían, o la respuesta era una sola: la economía tiene la meta de aumentar el PIB (Producto Interno Bruto). 
¿Respuesta obvia?

Sin embargo, esta respuesta que parecía tan obvia ya no lo es desde hace unos 40 años. Por ejemplo, en ese tiempo empezaron las primeras informaciones sobre el impacto y la degradación del medio ambiente y por eso aparecieron algunas voces pidiendo la reorientación de la economía, pidiendo no más crecimiento, sino protección del medio ambiente manteniendo el mismo nivel de vida.

Poco tiempo después empezó la primera crisis del petróleo. Entonces, un leve decrecimiento de la economía causó tantos problemas sociales, que la sociedad optó por resolver este asunto con la receta antigua: Crecimiento económico. Y sobre todo después de la caída del muro de Berlín, nada podía frenar al capitalismo, esta vez desencadenado por la ausencia del control del estado.

El resultado de este crecimiento capitalista ahora se puede ver: Una crisis financiera y económica probablemente más grande que la de los años 30, además – y esto es más importante para el futuro de la humanidad – un medio ambiente destrozado y un calentamiento global que desarrolla su propia dinámica, es decir que ya no es controlable.


Cuestionamiento del PIB como indicador.

 

Cada día que pasa en esta crisis, cada vez hay más personas que piden una reflexión profunda sobre las metas de la economía y de la sociedad en general. Y se empieza por analizar críticamente el PIB como indicador de la salud de la economía.

Al parecer el PIB es un indicador claro y científico. Pero solamente al parecer. Miremos: En el PIB se cuenta todos los productos sean estos materiales o inmateriales – mientras tengan un precio. Así por ejemplo, si un esposo cuida a su mujer enferma en la casa el PIB no crece en lo más mínimo. En cambio si la esposa va al hospital y el esposo trabaja para pagar al hospital entonces aumenta el PIB. Para los dos no hay ventaja o desventaja económica, pero el PIB crece doble, por la factura del hospital y por el sueldo del esposo. Pero seguramente para la pareja es más agradable que el  cuidado se realice en su casa. Claro que sobre estos temas el PIB no dice nada.

Tampoco se dijo si los daños al medio ambiente disminuyen el PIB. Pero en realidad es al contrario: Si hay desastres ambientales, habrá algo para reparar, quiere decir aumenta el PIB. Si uno instala un filtro en una casa para mejorar la calidad del aire, entonces aumenta el PIB.

Y si buscamos la autorrealización o más tiempo libre para nosotros y para la familia, también. Para los implicados en este caso, es muy positivo, da felicidad. Pero para el PIB esto es neutral o negativo, si en este caso y por esa razón, uno trabajara menos. Otro aspecto se encuentra en la criminalidad o en las tensiones sociales que no tienen influencia negativa en el PIB. Más bien es positivo si un borracho provoca un accidente automovilístico. Porque en primer lugar ha consumido cervezas, luego el hospital cobrará por los cuidados de los heridos que ha provocado y también el chapista si es que emite una factura para arreglar el carro aporta al PIB. Un acontecimiento negativo para todos los implicados se vuelve positivo para el PIB.

¿Y los fraudes? Claro que también aumentan el PIB. Por ejemplo, si uno vende un producto nocivo que el comprador tiene que botar, entonces aumenta el PIB. Este parece un ejemplo traído de los pelos, sin embargo es el caso con los certificados venenosos, que se han vendido en el sistema financiero por miles de millones de US$.

 

Y las políticas se orientan por esta cifra idiota.

 

La política de educación, de infraestructura, de los programas de investigación, etc. todo debe aumentar el PIB: monoculturas agrícolas, deforestación de los bosques, compra de automóviles que principalmente ensucian el aire y sirven para el ego de los dueños.

Todo esto aceptamos aunque esté mal para la sociedad, solamente para que el PIB suba a corto plazo, destruyendo nuestros fundamentos de la vida a largo plazo. Y además felicitamos y celebramos a los países con alto crecimiento del PIB como deportistas exitosos.

 

La felicidad como orientación de la economía (y del Estado).

 

En estos meses de crisis muchos ya llegaron a la conclusión de que la economía debe ser guiada por el Estado. En este caso es la tarea del Estado definir la meta de la economía.

Un ejemplo es la Nación de Bhután que tiene en su Constitución como meta del Estado el crecimiento de la felicidad de los pobladores y no el crecimiento del PIB. Claro que no es fácil medir la felicidad, pero en el caso de Bhután hay un cuestionario con 290 preguntas, que elaboró el Centre for Bhutan Studies, en el cual trabajan científicos bhutaneses y extranjeros. Con este cuestionario trabajadores sociales preguntan durante 4 años a mil personas representativas por edades, clases sociales y regiones.

El resultado da pautas al gobierno para mejorar su trabajo. Hasta ahora ya se han logrado varios resultados de estos estudios, entre estos que la felicidad depende:

                De una sociedad justa.

                De una economía justa y social.

                De la preservación de valores culturales.

                De la protección del medio ambiente.

                De un gobierno y de una administración eficientes.

                De una economía eficiente a favor de la mayoría.

Y también está claro que el Estado no es responsable de todo. El Estado no puede influenciar mucho en el nivel micro (familia y amig@s cercan@s) ni en el nivel medio (amig@s, asociaciones, trabajo). El Estado debe trabajar sobre todo en la educación, en la salud, en la seguridad y guiar a la economía.

 

¿Y para Bolivia?

 

Si tomaríamos el “Vivir bien” no estaríamos lejos del enfoque de Bhután. “Vivir bien” no significa vivir mejor, cada año mejor, cada año más. “Vivir bien” significa buscar la felicidad y recursos materiales solamente en la medida en que éstos contribuyan a la felicidad.

Los resultados de las encuestas de cómo se siente la población debería ser la guía para el gobierno, dando pautas para su actuar.

Deberíamos medir mediante encuestas si la población se siente más cerca del “Vivir bien” o más lejos.

Esto sería un aporte al mundo, porque no dudo que, en el futuro todas las naciones van a tener que responder a la pregunta sobre el sentido de la economía. En el futuro los científicos que investigan sobre la felicidad van a estar al mismo nivel como los economistas. Mientras hoy en día, los científicos de la felicidad son vistos como bichos raros. 


Pedro Brunhart

http://petroleoycalentamiento.blogspot.com/

Categoría(s): Artículos, General

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