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El escritor tarijeño Gonzalo Lema Vargas presentará en el Club Social de la calle Bolívar, este miércoles 1 de agosto a las 19:00, su nuevo libro “Después de las bombas”, impreso por la editorial cruceña La Hoguera. En el acto, comentarán la obra el padre Gregorio Iriarte y Adolfo Cáceres Romero.

 

“Se trata de catorce cuentos cortos —dice La Hoguera— que intentan encender en la conciencia de cada uno de nosotros varias alertas como: el pasado es tan importante como el futuro; la ciencia es tan importante como el amor; las ideologías deben convivir con la poesía de Dios; la paz de la sociedad debe basarse en decisiones justas; o, el respeto a la Tierra debe ser un hecho cierto”.

 

Gonzalo Lema (1959) vive en Cochabamba desde sus dos años. Bachiller del Instituto Eduardo Laredo y aunque el contrabajo era su especialidad, hasta ahora no ha dejado de tocar la guitarra. Estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Simón, durante 12 años fue miembro de la Corte Departamental Electoral, candidato a la Alcaldía de Cochabamba por el Movimiento Al Socialismo y concejal de ese partido desde 2005 hasta 2010.

Comenzó a publicar literatura en 1981 con su libro “Nos conocimos amando”, al año siguiente ganó el premio de novela Erick Guttentag con “Este lado del mundo”. En 1993 fue finalista del premio Casa de las Américas con “La huella es el olvido”. Después vinieron muchos libros, entre los que Lema Vargas destaca “El mar, el sol y Marisol” (2007), “Cuentos y novelas policiales” (2010) y “La Bolivia que se va. La Bolivia que viene” (2011), entrevistas a líderes políticos nacionales publicadas por Los Tiempos.

 

 Usted dice que con este libro, “Después de las bombas”, se acaba el escritor de historia, de fútbol y de ficción… ¿Qué Gonzalo Lema viene después?

 

Yo digo que, en un afán de experimentación, he escrito novela histórica, novela y cuentos policiales, eróticos, sobre fútbol, sobre el amor y ahora de ficción. ¿Qué vendrá después? Pues, francamente no lo sé. Espero que sea un tema que requiera de todo lo aprendido.

 

Teóricamente, cuando un autor termina de escribir un libro tiene cierta urgencia por verlo publicado en papel. No sucede lo mismo con Usted, normalmente se toma un par de años ¿por qué?

 

Porque también existe la necesidad de estar seguros. Un texto publicado no tiene marcha atrás. Si se comete un error al publicarlo, pues luego sólo queda quemarlo. Hay muchos ejemplos. Por eso prefiero esperar hasta que el texto me dé seguridad.

 

En sus propias palabras: “ficcionar significa también dejarse engañar”. ¿Qué significa para usted la ficción?

 

Me ha significado una exploración por la fantasía —un mundo sin árboles, sin rotación solar, con seres a gas, con la involución en marcha, por ejemplo—, pero, esencialmente, una exploración a fondo por la tristeza, el desengaño, la frustración… Por el desánimo. La ficción interpela al escritor y al lector profundamente. No lo deja escapar hacia el olvido y la indiferencia.

 

Dejando de lado la ficción, ¿cómo cree que será el mundo que viene, habrá una guerra atómica? 

 

El mundo que viene ya lo hemos comenzado a vivir todos los pueblos. Los fundamentalistas de la política junto a quienes profesan una religión a fondo, junto a los labradores y los empleados de trabajos virtuales, junto a otras opciones sexuales, los demócratas juntos a los jefes de tribus, los ritos atávicos junto a las buenas maneras, y todo dentro de una cámara de televisión. Esa es la bomba atómica que la humanidad va a tratar de entender para que no explote.

 

En su obra habla de Dios, de dioses y vírgenes ¿Cree en Dios? Y si sí ¿Cómo lo concibe?

 

Creo en la necesidad individual de la oración y en la colectiva de la comunión. Prefiero el ser humano religioso al supersticioso. Prefiero entender que la divinidad está en lo creado por la naturaleza, antes que en un creador. De todas formas, creo y profeso el respeto a todo.

 

La ciencia y Dios ¿son compatibles?

 

La ciencia no es compatible con el viejo Dios. Eso afirman, por ejemplo, los astronautas. Pero la humanidad está creando una nueva religión, más cierta, más objetiva, con menos mitos.  Pero está visto que la necesitamos para sentirnos mejor.

 

En “Después de las bombas” presenta un mundo futuro como lo presentaban los griegos en su mitología: hombres que tienen hijos con forma animal ¿el mundo del futuro será quizá una vuelta al pasado?

 

No lo creo. Inclusive el tiempo de Cristo es lineal. La humanidad avanza —no siempre para bien— y los mitos se recrean. De esa manera recuperamos el pasado. Más cierto parece que, en el futuro, parte de la humanidad emigre a otros planetas y sistemas, como ficcionaba Ruy Bradbury.

 

Imaginando un mundo futuro carente de absolutamente todo… Qué le causa más temor: ¿no tener agua, no tener aire o no tener comida?

 

Siempre me ha causado angustia morir en la infelicidad. Quiero decir: sin amor.

Categoría(s): Blog de Gonzalo Lema

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